Me tocó crecer con SILVER CONVENTION. Y volvería a hacerlo


No son un grupo de culto ni fueron las mejores en lo suyo. Tuvieron éxito comercial a lo grande y ninguna murió de sobredosis. No importa.

¿Dónde estabas tú en el 76?

Si entonces no tenías edad para traspasar la cortina roja y poblada de ácaros de una boite, las escuchaste cienmiles de veces.

Sonaban en el coche familiar. Regalaban sus discos en las Cajas de Ahorros. Hasta las canturreaba la señora del puesto de chucherías. Españoles: Fly, Robin, Fly


Todas las imágenes que ves aquí y allá proceden de algún sitio, salvo que se indique lo contrario.


Munich, 1975. Ojo con las esposas

Esta es la primera formación que salió a la luz como Silver Convention. Hasta entonces solo había existido un proyecto de estudio, rematado con voces anónimas que, desde Alemania, pretendía apuntarse al eurodisco naciente.

Con el éxito del single Save me, los productores decidieron buscar un trío capaz de defender en público las canciones. Las nuevas voces (porque cantaban de verdad) fueron Linda G. Thompson, la chica del vestido verde, y Ramona Wulf, en el centro y esposada. En esta foto aún vemos a Jackie Carter (con vestido naranja), superviviente de la fase embrionaria del grupo. En breve sería sustituida por Penny McLean. Las esposas (plateadas) que luce Ramona fueron una constante visual en la primera etapa del grupo. Hasta que alguien dijo basta.


Lo dicho.


Hablando en plata

Ramona, Linda y Penny estaban pimpantes con sus coreografías de amateurismo sugerente. La receta era sencilla: pulso esquemático y danzable, melodías poppysoul, sonido philly en cuerdas, letras minimalistas y pianos para echarle (sutilmente) la culpa al boogie. Todo ello aderezado con erotismo sofis a lo Barry White y actitud disco-liberal, con algún gemido más o menos sepultado en la mezcla, aunque sin llegar al desfase de Donna Summer, que es quien abrió la veda. Michael Kunze y Silvester Levay, productores y autores de las canciones, sabían muy bien lo que querían.


Digan lo que digan, todo suena mejor en cartucho


Run, Rabbit, Run

Fueron el primer conjunto musical ALEMÁN que alcanzó el primer puesto en los ESTADOS UNIDOS. Con una composición firmada por un letrista de PRAGA y un músico nacido en la antigua YUGOSLAVIA.

Toda una hazaña con un hit que incluye 8 palabras, de las que solo 6 son distintas: «Fly, Robin, Fly. Up, up to the sky». Dicen los autores que la letra al principio decía «Run, Rabbit, run». No hubiera volado tan alto. Pese a todo, la ideas no se agotaron con la canción del pájaro rampante. El LP incluía otras composiciones resultonas como Another Girl, Son Of A Gun y, por supuesto, Save me, su primer éxito.


TVE vintage. Presentadas por Íñigo y con Serge Gainsbourg de invitado. Y el público podía fumar.


1976. Levántate y baila

Lo más difícil no es llegar, sino mantenerse. Antes de que pudieran señalarlas como One Hit Wonders ya se volvían a pasear por los primeros puestos de las dichosas listas.

Lo volvieron a conseguir con Get Up And Boogie. Y, otra vez, con solo 6 palabras (que son el título y ese molesto «That’s Right!»), pero el gen del bailoteo no necesita locuacidad. También valen la pena otras canciones del LP como You’ve Got What It Takes (To Please Your Woman) y No, no Joe (mejor no prestar mucha atención a la letra). Los discos se seguían vendiendo como churros y los adultos (los que se lo podían permitir) desgastaban sus suelas en la pista con joyitas disco-chicleteras como San Francisco Hustle.


Boogie-boogie around the world


Penny, Ramona y Linda

Fueron escogidas porque, además de que podían cantar, tenían cierta experiencia en el negocio musical. Las tres habían grabado, por separado, algunos singles de pop indefinido, con difusión modesta y limitada al mercado alemán. Solo Penny Mclean tendría cierto éxito como solista (cuando Silver Convention ya existían) con temas como Lady Bump, firmado por el tándem Levay / Kunze.


Todos tenemos un pasado

Mit Poster


Casa de orates

Cuando la fórmula ya parecía una garantía estable, los cerebros de la operación decidieron sofisticar el mensaje.

Michael Kunze había firmado las letras de los primeros álbumes con pseudónimo (Stephan Prager). Con Madhouse decidió dar la cara. Y no solo eso: anunció que las canciones del elepé estaban unidas por un argumento futurista. En definitiva, escribió oraciones más largas, pero eso no afectó a la música. Canciones como Everybody’s Talking ‘Bout Love, I’m Not a Slot Machine, Dancing In The Aisle y Fancy Party, unidas o no por un hilo conductor, fluyen con violines punzantes y bajos danzarines. Y lo más importante: se pueden bailar. Tal vez sea su mejor disco.


Penny, Ramona y Rhonda

En Madhouse, Rhonda Heath (a la derecha)  sustituye a Linda, que abandona definitivamente la formación. Si te da por escuchar un LP entero de las chicas, que el primero sea este:



En la contraportada de Madhouse (ver un poco más arriba) está el texto que casi nadie leyó. El argumento de sci-fi locatis del álbum:

«All of a sudden M. realized that he wasn’t free. He was stuck inside four walls on which every morning the latest news were written. The people who came to see M. were made out of plastic. Obviously their voices came from a pre-recorded tape,repeating all the time just one word: Money. M. ran away. He wanted to see human beings. So he went to a party. But nobody there was what he seemed to be. It was all a masquerade. In his embarrassment M. started to pray. Somebody must have heard that he longed to be in heaven. They gave M. a ticket and put him on a 747. No one understood why M. cried when he came down again. A radio and a tv-set were installed in M.’s lonely room to comfort him. M. destroyed everything in anger. That was when the devil tempted him, offering a ride to the Magic Mountain. But M. refused to follow. Somebody had told him that there was no way back from that trip. ‘I’ve got another remedy’, the devil said. ‘It’s called Sex and it can make you happy’. But what the devil calls happiness is usually a lie. M. had to learn that. In his greatest desperation a strange thing happened. M. fell asleep and dreamed that he was living in a wonderful land of peace  and freedom. It was so easy. All M. had to do was to close his eyes and to forget that he was locked up in a madhouse.”

Wow.


Recogiendo un Disco de Oro en Espania por las ventas del single Fly, Robin, Fly (algo que hoy sí que suena a ciencia ficción). Ramona, Penny y Rhonda. 1976.


¿Quién toca esos bajos bailongos?

Gary Unwin empezó su carrera como bajista en diversos grupos de beat. En 1963 estuvo en The Downliners Sect (en realidad solo duró cuatro meses con ellos) y fue dando tumbos hasta que se instaló en Alemania como músico de estudio y productor. En los álbumes de Silver Convention se aprecia su estilo preciso, claro, machacón y contagioso. Su bajo también se oye en grabaciones de Donna Summer, Boney M (la intro de Daddy Cool es de este señor), Sister Sledge, Amanda Lear, Giorgio Moroder y formaciones anónimas como Hot Blood (los de Soul Dracula). Como miembro de la Munich Machine respaldó a solistas y grabó álbumes de disco orquestal. Fue también responsable del éxito de Dee D. Jackson como autor y productor de Automatic Lover y el álbum Cosmic Curves. Hay que decir que la señorita asegura que el tal Unwin se apropió de la autoría del célebre tema del androide satisfacedor.


Penny, Rhonda y Ramona con los amos del calabozo: Michael Kunze & Sylvester Levay


1977. Las Chicas de Oro

Con el álbum Golden Girls (Summernights en algunos países) se mantiene el nivel con algunas canciones y se va a Eurovisión con otras.

1977 podría haber sido un mal año para Silver Convention, pero todavía eran capaces de ofrecer buenas rodajas de eurodisco como Hotshot o Wolfchild. Por otra parte, una influencia que ya estaba presente en discos anteriores gana terreno: suenan más cercanas a ABBA en Telegram (la eurovisiva). No es algo malo de por sí, pero les resta personalidad. La canción más curiosa es Blame It On The Music. Tenemos una pequeña teoría sobre ella. (Los detalles, más abajo).



Un artefacto Belter (con referencia a los Beatles)…

…para ilustrar nuestra hipótesis. Podría ser una coincidencia peeeeero… En 1979 Paul McCartney hizo uno de sus mejores temas McDisco, y el bajo (que es sensacional) se parece más que un poco al de una de Silver Convention. Las canciones son diferentes pero la línea de bajo (excepto en la intro de la canción de los Wings)… no tanto.


Compara el bajo de Blame It On The Music (1977)…


…con el de esta canción de los Wings (Goodnight Tonight) de 1979


Zenda, Ramona y Rhonda

Zenda Jacks (a la izquierda, también conocida como Suzie Jacks y Suzie McClosky) sustituyó a Penny hasta 1978.


Con sutilezas gráficas, los cambios se entienden mejor


Zenda, Ramona y Rhonda, de gira con Mr. Dynamite. 1977

Harto de que le saquearan oportunistas de todo tipo, James Brown se autoproclamó «The Original Disco Man». Tampoco le hacía falta. Aquí le vemos sonriente, aunque puede que el ritmo de Silver Convention le pareciera un mazacote. O no. Nunca lo sabremos.


1978. Tenemos tema en un coche cama

Un último álbum que no consiguió mantener al trío a flote. Pero tiene sus momentos.

No es un mal disco, y la voz de Zenda Jacks (que antes había grabado algunos temas de pseudo glam-rock) aporta un punto más desgarrado. Pero los arreglos empiezan a perder fuelle y el mismo violín descendente se repite en tres o cuatro temas. Love In A Sleeper es una buena canción (con ese bajo que remeda el traqueteo ferroviario del coche cama del título). La sinuosa Get It Up se sale un poco del molde habitual y Acuéstate Conmigo es una seductora horterada bailonga con tintes disco-toreros. Pero otras… neither fu nor fa.


Ramona y Zenda. 1977

La vida en la carretera iguala a poprockeros, punkrostas y discotrices.


Penny regresa al grupo. ¿Irá todo sobre ruedas?

La verdad es que con patines no llegaron muy lejos y, un single después, los autores intelectuales del asunto decidieron dar la Convención por amortizada.


1979. Último single y cierre

Conclusión: no tenían unas voces muy souleras, ni falta que les hacía. Las canciones no funkeaban (ni lo pretendían ). Tampoco ofrecen una doble lectura que las haga significativas en los tiempos que vivimos. Da igual. Las tres unidas (en combinaciones diversas) y rodeadas de los ingredientes precisos son, en sus momentos inspirados, un chute que te puede alegrar mucho el día. Se pueden bailar con una sonrisa boba, el tronco rígido, las piernas a su bola y repartiendo codazos. A mí con eso me basta.